Evaluación de Impacto: ¿Qué tan efectivas son sus iniciativas?

No es extraño que en los últimos dos años la relevancia de la evaluación de impacto de programas, proyectos o actividades  se haya vuelto mucho más relevante en la agenda de organizaciones públicas y privadas. Hay en Chile aires que empujan los esfuerzos hacia lograr mejores niveles de calidad en la ejecución y los resultados obtenidos.

De forma semejante, las organizaciones están cada vez más interesadas en contar con buenos datos y análisis que les permitan tomar decisiones oportunas e informadas sobre las actividades que emprenden, especialmente aquellas que demandan un mayor esfuerzo económico y humano.

Evaluar constituye un proceso sistemático, metódico y neutral que hace posible el conocimiento de los efectos de un programa, relacionándolo con las metas propuestas y los recursos movilizados.

La evaluación de impacto es una actividad técnica que busca a través de procedimientos metodológicos rigurosos definir los resultados dentro del ciclo de vida de un proyecto: antes de emprender un proyecto (ex ante), durante la marcha de este (ex dure), o más tradicionalmente al finalizar este (ex post).

La evaluación de impacto se ha situado en 5 niveles de complejidad creciente: desde la satisfacción (nivel 1); luego por la instalación o internalización (nivel 2); para pasar a la utilización o transferencia al puesto de trabajo (nivel 3); después a los beneficios para la organización (nivel 4); y finalmente respecto del retorno de la inversión (nivel 5). Cada uno de ellos posee fortalezas y debilidades y guardan relación con los objetivos finales que pretende cualquier actividad que quiera ser evaluada.

Al contrario de lo que se podría pensar, la evaluación de impacto no es sólo la técnica mediante la cual se consigue mensurar los impactos, como enuncia el párrafo anterior. Aquella es una de 4 dimensiones básicas que debiera considerar cualquier estudio que evalúe el impacto.

En primer término, es necesario considerar una “dimensión analítica”, esta dimensión espera responder a la pregunta básica respecto de qué se requiere de la técnica para lograr lo que la organización espera de la evaluación de impacto. De ello se desprende, naturalmente, la posibilidad de generar un ajuste de expectativas que - a través de un análisis de suficiencia de datos - establezca el nivel de medición de impacto más adecuado para los objetivos.

En segundo lugar, se sugiere una “dimensión táctica” que busca asegurar el éxito de una evaluación de impacto en un entorno organizacional específico, lo fundamental dentro de esta dimensión es lograr incorporar el lenguaje de la organización, conseguir aliados y establecer criterios de éxito para la ejecución de la evaluación de impacto.

Este punto es particularmente relevante, dado que muchas organizaciones no cuentan con bases de datos suficientemente antiguas como para lograr ciertos análisis y diseños complejos de evaluación de impacto y porque, a menudo se hace difícil y poco viable la utilización de grupos de control.

Finalmente, está la “dimensión de toma de decisiones” en la cual lo que importa es determinar cómo los resultados ayudarán a decidir los pasos a seguir. Esta dimensión es crítica y va mucho más allá de establecer los medios de comunicación de los resultados de la evaluación a distintas audiencias; se trata de un esfuerzo genuino por apoyar la toma de decisiones desde la evidencia, con información fidedigna.

Dentro de este marco, hay tres acciones claves para el éxito en la evaluación de impacto de un proyecto o programa.
En primer lugar, la coherencia de objetivos. Debe existir claridad y conexiones lógicas bien delimitadas entre los objetivos iniciales del o los proyectos, los fines específicos dentro de la organización o instancia como objetivos de la planificación estratégica y, los objetivos de la evaluación de impacto propiamente tal. Para este criterio, la metodología de Matriz de Marco Lógico es una herramienta sumamente útil para ordenar la información y para darle un sentido coherente.

La segunda acción clave es el análisis de suficiencia de datos. Conocer qué datos posee la organización y determinar si éstos son o no adecuados para el nivel de impacto que se espera lograr, así como determinar la vialidad de diseños basados en el uso de grupos de control (modelos cuasi experimentales) es vital, dado que permite definir horizontes y alinear expectativas en torno al proyecto, lo que facilita su ejecución y ayuda a conseguir actores relevantes para la evaluación.

La tercera acción clave es mantener un proceso paralelo de almacenamiento de datos y procedimientos de análisis bien ordenados que permitan darle trazabilidad al proyecto y ayuden a la organización a implementar prácticas de gestión de conocimiento básicas – a fin de cuentas, sólo es posible gestionar lo que puede ser medido.

Un abordaje integral en el proceso de evaluación de impacto, ha mostrado ser una herramienta potente que consigue producir datos rigurosos y con sentido para la organización, demostrando que estudios organizacionales exitosos son aquellos que reconocen el valor de técnicas rigurosas, junto a la consideración exhaustiva de la realidad organizacional particular y de sus necesidades específicas dentro de su contexto estratégico.

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